Consiste en concentrarse en la respiración seleccionando un punto concreto, siendo los más frecuentes:

  • Las fosas nasales (donde el aire contacta con el cuerpo por primera vez).
  • El movimiento ascendente y descendente del abdomen.
  • El movimiento del aire por las vías respiratorias.
  • Algún otro punto corporal relacionado con la respiración.

Concentrado en ese punto como referencia (lo que se denomina “anclaje” en meditación) uno observa los procesos mentales y, cuando aparece un pensamiento, percepción o emoción se deja pasar con amabilidad (sin rechazarla ni apegarse a ellos) y vuelve al punto de anclaje. Así una y otra vez. El punto clave es no identificarse con los procesos mentales sino observarlos de una forma desapegada.